Impacto de la prisión preventiva: Luis Mussiett

El impacto de la prisión preventiva comienza antes de que exista una sentencia. Para el Capellán Nacional Luis Mussiett, con cuarenta años recorriendo las cárceles chilenas le han permitido conocer de cerca el miedo, la incertidumbre y las profundas consecuencias que enfrentan quienes ingresan por primera vez al sistema penitenciario.

Luis Mussiett ha acompañado espiritualmente a personas privadas de libertad en distintos recintos penitenciarios del país. Como obispo de Gendarmería de Chile y pastor evangélico bautista, ha sido testigo de las historias que se viven tras las rejas, tanto de quienes cumplen una condena como de quienes permanecen en prisión preventiva mientras esperan una resolución judicial.

Su experiencia le ha permitido observar que el impacto de la prisión preventiva no solo implica perder la libertad de manera temporal. También significa enfrentar miedo, incertidumbre y un profundo desgaste emocional, especialmente cuando se trata de personas que nunca antes habían ingresado a una cárcel.

En conversación con Prisión Sin Culpa, el obispo reflexiona sobre el acompañamiento espiritual, el ingreso al sistema penitenciario y la realidad de quienes, después de permanecer privados de libertad, logran demostrar su inocencia.


Impacto de la prisión preventiva: el miedo al ingresar a la cárcel

Para Luis Mussiett, ingresar por primera vez a una cárcel significa enfrentar una realidad desconocida, marcada por el miedo y la preocupación por la seguridad.

Mussiett describe el impacto de la prisión preventiva en quienes enfrentan el encierro y posteriormente son absueltos.

¿Cuáles son las preocupaciones que suelen manifestarse con mayor frecuencia en las personas que entran a prisión preventiva o a la cárcel?

Luis Mussiett: La preocupación más importante es la seguridad. Lo primero que piensan es qué va a pasar con su vida y con su cuerpo.

Quienes ingresan por primera vez llegan con mucho miedo y emocionalmente muy inestables. Es ahí donde la pastoral, tanto católica como evangélica, busca acompañarlos para entregarles un momento de tranquilidad y ayudarlos a adaptarse al sistema penitenciario.

Traspasar las puertas de una cárcel es una experiencia muy fuerte. Incluso para quienes ingresamos únicamente como visitantes resulta impactante escuchar los gritos, las groserías y sentir el ambiente que existe al interior de un recinto penal.

Solo con entrar uno comprende el peso que significa estar privado de libertad.


La espiritualidad como parte de la reinserción

Para Luis Mussiett, la espiritualidad forma parte de la reinserción social y complementa el trabajo de otros profesionales dentro de las cárceles.

¿Cuál cree que es la importancia del acompañamiento espiritual para las personas privadas de libertad?

Luis Mussiett: La espiritualidad ha logrado incorporarse al sistema de reinserción social.

Durante muchos años existió solamente la dupla psicosocial para atender a los internos. Sin embargo, después del incendio de la cárcel de San Miguel comenzó a desarrollarse un trabajo conjunto entre trabajadores sociales, psicólogos y las pastorales religiosas.

Desde entonces, las propias autoridades comenzaron a reconocer el valor del acompañamiento espiritual. Antes nosotros pedíamos abrir espacios dentro de las cárceles. Hoy son las instituciones las que solicitan ampliar esos espacios porque han comprobado que ayudan a mejorar la convivencia y entregan apoyo a quienes enfrentan momentos muy difíciles.



Un espacio de protección al ingresar a la cárcel

Según el obispo, las familias buscan en la pastoral una red de apoyo para quienes ingresan por primera vez a una cárcel.

¿Cómo una persona puede integrarse al grupo evangélico dentro de la cárcel?

Luis Mussiett: Siempre ha existido presencia evangélica dentro de las cárceles chilenas.

Cuando un interno llega, muchas madres nos llaman inmediatamente para pedir ayuda por sus hijos.

Nosotros preguntamos por ellos, los acompañamos y los llevamos a nuestros espacios.

Allí viven otros hermanos y son lugares donde no existe violencia física, agresiones ni abusos. Buscamos ofrecer un ambiente donde quienes recién ingresan puedan sentirse protegidos mientras enfrentan el impacto del ingreso al sistema penitenciario.

Es cierto que algunas personas llegan buscando protección. Sin embargo, permanecer allí también implica asumir compromisos, participar en las actividades y vivir un proceso de cambio. Con el tiempo, muchos terminan encontrando una transformación espiritual auténtica.

En este video de Prisión sin culpa, Mussiett describe el ingreso a una cárcel y la sobrecarga de los gendarmes.


El impacto del encierro en personas inocentes

Luis Mussiett relata haber acompañado a personas que, según su testimonio, fueron declaradas inocentes después de permanecer encarceladas. Describe estas experiencias como especialmente dolorosas.

Durante estos cuarenta años, ¿ha conocido personas que hayan estado privadas de libertad y luego hayan sido declaradas inocentes o absueltas?

Luis Mussiett: Sí. Ese es uno de los dolores más grandes que hemos vivido.

Hay personas que saben, en lo más profundo de su ser, que son inocentes, pero las pruebas parecen indicar lo contrario y nadie les cree.

Después aparece una nueva declaración, una nueva pericia o un nuevo antecedente. El juez revisa nuevamente el caso y finalmente son declaradas inocentes.

Pero muchas veces ya pasaron cinco, diez o incluso quince años en prisión.

¿Quién les devuelve ese tiempo?

Hemos conocido personas realmente inocentes que permanecieron con nosotros buscando protección mientras sus familias insistían en que no habían cometido el delito.

Las acusaciones falsas, especialmente en delitos sexuales, generan un daño enorme. Estar en la cárcel siendo inocente es una experiencia que no se la deseo a nadie.

Aunque existen espacios donde las personas encuentran esperanza, el daño emocional permanece durante mucho tiempo.

Nuestro trabajo también consiste en ayudarlos para que, cuando recuperen la libertad, no salgan llenos de odio o con deseos de venganza. Muchos necesitan apoyo psicológico, psiquiátrico y un acompañamiento permanente para reconstruir sus vidas.

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